EL POEMA DEL MÍO CID
Hola lectores. Para entretener este
hermoso rato, os dejo con una bonita lectura sobre el impresionante cantar de
gesta dedicado a Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador.
Para comenzar, explicaré que un
cantar de gesta es la narración en verso de las hazañas de un héroe cuyas
virtudes representan modelos para un pueblo o colectividad durante la Edad
Media.
Para esta ocasión me centraré en el
"Cantar del mío Cid". Se trata de un cantar de gesta porque narra las
aventuras de un gran guerrero: Don Rodrigo Díaz de Vivar, conocido como el Cid
Campeador.
El Cid
Campeador.
Cid, sidi o sid es una palabra de
origen árabe que significa 'señor' y que se dio como tratamiento a los señores
de ciertos Estados dependientes de un rey (como los régulos de las taifas en Al-Ándalus),
y también a los gobernadores de provincia de los almorávides y almohades.
Se trata de un poema anónimo compuesto a finales del siglo XII o en los primeros años del siglo XIII. Estaba ya acabado en 1207, cuando Per Abbat (o Pedro Abad), se ocupó de copiarlo en un manuscrito del que, a su vez, es copia el único que hoy se conserva (falto de la hoja inicial y de dos interiores), realizado en el siglo XIV y custodiado en la Biblioteca Nacional de Madrid. A pesar de los años transcurridos y haber pasado por diversos dueños, el estado de conservación puede considerarse aceptable.
Toda composición poética tiene sus
normas, como son la medida y la rima entre otras. En esta obra se emplean
versos anisosilábicos, versos de medida variable, abundando los versos de
catorce a dieciséis sílabas, divididos en dos hemistiquios. La rima es
asonante. El poema consta 3730 versos dividido en tres cantares.
Como ejemplo de la métrica sirvan esto verso del maravilloso poema, en castellano actual.
-“¡Tente, Campeador, que en buena hora ciñes espada!
El rey lo ha prohibido: de él entró anoche una carta,
en gran sigilo y fuertemente sellada.
No osaríamos abriros ni acogeros por nada.
De hacerlo, perderíamos haciendas y casas,
y aún, además, los ojos de la cara.
¡Cid, en nuestro mal, vos no ganaréis nada!
Dios Creador os valga, con todas sus virtudes santas.”
El poema consta de tres
cantares.
El primero es el “cantar del destierro”. Comprende los
versos 1 a 1084. Hay diversas versiones sobre el motivo del destierro. En una
se dice que el Cid hizo jurar en la iglesia de Santa Gadea (Burgos) al rey
Alfonso VI que no participó en la muerte de su hermano Sancho. Esto provocó la
ira del rey (ira regia) y por ello fue desterrado el valiente guerrero. Según otra
versión, el rey acusó al Cid de quedarse con gran parte del tesoro conseguido
en la conquista de Sevilla. Otra, habla de que García Ordóñez, junto con otros
nobles sentían envidia del Cid y le hablaron mal al rey para enemistarle con el
Campeador.
El segundo es el “cantar de las bodas”. Comprende los
versos 1085 a 2277. El Cid conquistó el reino de Valencia a los árabes y se lo
ofreció a su señor, Alfonso VI. De esta forma obtuvo el perdón del rey. Por
voluntad de éste, las hijas del Cid, Dª Elvira y Dª Sol, casaron con los condes
de Carrión.
El tercero y último es el “cantar de la afrenta de Corpes”.
Comprende los versos 2276 a 3730. El Cid puso en manifiesto la cobardía de los
condes de Carrión. En venganza, los condes maltrataron a sus hijas en el
robledal de Corpes, huyendo con la dote recibida. El Cid comunica al rey esta
humillación. En las Cortes de Toledo se obliga a los condes a devolver las
dotes recibidas y enfrentarse en torneo a caballeros del Cid, quienes salieron
victoriosos del enfrentamiento. Por decisión real, las hijas se casan con los
infantes de Navarra y Aragón.
Video de los tres cantares del "poema del mío Cid".
El tema principal de esta extensa
obra es como D. Rodrigo, a pesar de ser castigado por el rey, sigue
considerándose un fiel vasallo suyo. Lo demuestra cuando le ofrece el
territorio conquistado a los árabes en el reino de Valencia. Con este hecho
obtuvo el perdón real.
A lo largo de la obra podemos
destacar diversas virtudes del personaje principal, como pueden ser la
valentía, la honradez, la fidelidad y el mostrarse en todo momento como un
verdadero caballero. No podemos olvidar otras cualidades como su astucia en el
campo de batalla, ser un buen esposo y padre y, como corresponde a la época, un
buen cristiano. Tuvo tres buenos instrumentos en su vida como fueron el
caballo, de nombre Babieca, y sus dos espadas, conocidas como Tizona y Colada.
El Cid
montado en Babieca.
Tras hablar de sus cualidades, otra
cosa que hay que resaltar son los epítetos épicos. Se tratan de expresiones
para adjetivar positivamente a un personaje protagonista, para resaltar sus cualidades.
Es el Cid quien mayor número de epítetos épicos posee. Los más utilizados para
referirse al héroe son:
• El
Campeador.
• El
de la barba vellida (barba poblada, vellosa).
• El
que en buena hora nació.
• El
que en buena hora ciñó espada (fue armado caballero).
Los cantares de gesta generalmente
eran extensos. Los juglares se encargaban de recitarlos por las plazas de
pueblos y aldeas. Para mantener la atención del público, se valían de
instrumentos musicales como la viola, la gaita o la trompa, gestos o mímica,
movimientos corporales, bailes y voz lo más intensa posible.
Volviendo al personaje, el Cid está
en la historia de España por méritos propios. En su tiempo se ganó el
reconocimiento y respeto de los suyos y, en ocasiones, de sus adversarios. Pero
también podemos considerarle un personaje de leyenda. Su fama ha permanecido en
el tiempo. Se cuenta de él hechos legendarios, como que ganó una batalla
después de muerto.
Para finalizar, hablo del trato
dado a la figura femenina en esta obra. Las mujeres en el Poema de Mío Cid son
prototipos femeninos típicos de la época en que fue escrito: son pasivas,
delicadas y sumisas, pocas veces tienen voluntad propia y siempre tienen que
obedecer a su señor, su marido o su padre. Es esta la costumbre de la época. El
cantor se sirve de los personajes femeninos para resaltar la figura del
protagonista.
Un saludo y
hasta la próxima.

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